carta de El para Ella - historia real
S....., sé que ninguna de las palabras que iré poniendo en esta carta bastará para hacerte cambiar de pensar. Pero permitirme que me acerque a ti desde la sinceridad de las mismas: en ellas trataré de que este adiós no te deje tan llena de dudas. Sé lo hermoso que ha sido nuestro amor, sé que despoblarás los días al irte de mi vida, sé que me quedaré con el alma hecha trizas. Pero entenderás que nací en el mundo de manera diferente, puesto a perseguir una lejana esperanza que acaso sólo sea una utopía, inalcanzable como tal. Ahora te veré atando cabos, relacionando cosas que te dije con estas que te digo ahora. Querrás acaparar en tu corazón la razón de nuestra separación, y no podrás hallarle sentido a lo que te digo: nos separa el infinito, nos separa el amor, el amor que le tienes a él y el amor que te tengo a ti.
Nuevamente pedirte disculpas por lo de ayer, no quise decirte que no te cases, ahora te pido que te cases que seas muy feliz, se que no fui un error para ti estabas confundida te pido disculpas...
Ayer trataba de explicarte un poco cómo era todo esto. Pero noté que se opacaba tu mirada y preferías entretenerte en hacer otras cosas. Me dolió pero lo sabía: un día llegaría el día de seguir sin ti. A tu lado fui tan feliz que si pienso en ello, se debilita la voluntad que tendrá que alejarte, y demoraré indefinidamente algo que tarde o temprano sucederá, insistiendo en herirnos y haciendo todo mucho más difícil. No me enamoré de otra mujer, aunque no sería raro en mí dado mi ánimo soñador y mi ocurrente sentido romantico. Simplemente te dejo porque me siento un guerrero. Mi abuelo (que no es mi abuelo, es mi guía y se llama José) diría que estoy hablando de más, y tendría razón. Un guerrero no se enreda en tantas explicaciones, eso significa que intento vivir como guerrero y mientras tanto, cierta humanidad que en el fondo es debilidad, me lleva a realizarte alguna que otra confesión. Dirás que soy despiadado: yo me enorgullecería de ello, aunque no concibas lo que te digo. Y al hacerte daño, reviso mis valores y reflexiono seriamente si quiero seguir en este camino. Y sí, me respondo que sí. Que sí. Seguiré porque acaso no tengamos nada más noble que obedecer el grito del destino, esa inasible fuerza que a veces, como vocación, nos lleva de un lado para el otro.
Susana mía, acaso me sigas viendo de vez en cuando. No busques en mí a ése que te amó hasta hoy. Acongojado y lleno de amor, he acabado hoy con él. He quemado tus cartas de amor, no usaré la ropa que me regalaste, ya no hay fotos nuestras. Lo que fuimos cinco años ya es sólo un largo sueño maravilloso. Exigencias brutales me sacan de tu lado, algo así como el arte de quedarse liviano significa dejarte, quedar desprovisto de la costumbre de verte, de que estés en tu casa o en tu cama para mí. Permítete el perdón, no me odies porque yo no dejaré de amarte jamás. El guerrero se lleva a su siempre todo lo que adoró en la vida, no lo lleva como equipaje o accesorios, lo lleva en su constitución etérea: el guerrero deja el mundo pero está hecho de sus afectos, su tristeza, su voluntad, su hidalguía. Amor de mi vida, en mi sangre estás ahora, nadie usurpará ese sitio, quiero que seas feliz, muy feliz, sin mí.
La vida trae sorpresas que el ser humano no puede comprender, si no está preparado para ellas. Hoy el cielo brilló con luz propia, ni una sola nube se encontraba en él. Pensé que era un buen augurio, pero mi nerviosismo era gigantesco, no sabía si podía arreglar el error cometido. Mi mente estaba intranquila, sin sosiego, los pensamientos se agolpaban, imaginando mil respuestas o destinos para el problema que tenía en mis hombros.
No sólo tengo que aprender a escuchar, también debo controlar mi nerviosismo y ansiedad, tranquilizarme. Desde el año 2007 me he dado cuenta que cuando mis nervios me traicionan, todo puede salir mal.
No sé si todo esto sólo quiere darme un mensaje, tal vez no esté preparado para enfrentarme solo a las adversidades. ¿Es posible que a mi casi 31 años, la maleta de problemas sea muy grande? No lo sé, pero me gustaría creer que no.
Estas líneas las escribo en espera de armarme del valor suficiente para reconocer su valía. En estos momentos sólo son frases sueltas que tienen coherencia si conoces a la autora; pero también las escribo para recordar, para reflexionar, tiempo después en cómo se resolvieron estos acontecimientos.
Hay decisiones de las que me arrepiento, de las que me avergüenzo, pero cada uno es dueño de sus acciones. A medida que crecemos sumamos derechos y deberes a nuestra vida. Todo se vuelve compromiso, uno tiene que responsabilizarse de lo que hace, de lo que ejecuta. Los griegos creían que había un poder superior -ellos lo llamaban destino- que regía sus acciones. Creían que el error era una Diosa llamada Até, o que la discordia entre los hombres era culpa de Eris.
Pero el ser humano es el escultor, el pintor y el escritor de su vida. A nadie más puede pedirle cuentas de lo que hace; y la culpa tiene un sabor entre amargo y dulce, si la asumimos, nos otorgamos el derecho de remediar nuestro error. Recordemos que fracasar, no es caer. Fracasar es sólo cuando dejas de creer que es posible y renuncias a cambiar.
qué curioso pero esto lo que escribo ya debo de hacer un libro, al releerlo me doy cuenta que no se qué es lo que me impulsa a sacar palabras y frases que hacen crear textos que hasta a mi me asombra... eh aceptado salir con una persona q me encontró ayer por la noche caminando llorando y si recordé lo que dije que si apareciera alguien que me propusiera estar aceptaría y si acepte... no sé que pasara más adelante no lo sé pero acepte para no sentirme solo y estar solo, no sé si aun así deseas verme el sábado no se, te mereces toda la felicidad del mundo...
PD. escribeme... o llamame...